¡Me encantan los americanos! ¡Lo hacen todo a lo grande! Megabarbacoas, megacoches, megaempresas, megaguerras, megacrisis, megafiascos, y lo último, el megacierre de Megaupload. Aquí en Españistán no podemos aspirar ni a una diminuta fracción de tanta grandeza. Cuando (por presiones precisamente de EE.UU.) se propuso en Españistán la Ley Sinde, muchos desafiaban a la ex ministra con imposibles: ¿Y por qué no cierras Google y Megaupload? Pobrecita Sinde, que tuvo que resignarse. Pero para el Megapoderoso Tío Sam, no hay nada imposible. Empieza a temblar Google, no vayas a estar en su punto de mira.
Y todo por culpa de una industria que se niega a reconocer que su tiempo pasó, que muestra una excepcional incapacidad de adaptación a los tiempos que corren. Un megadinosaurio que se muere... pero que muere matando a todo el que se cruza en su camino. Primero a sus propios clientes (sin importar que fueran ancianas o niñas de 12 años), y ahora a quien más ha difundido sus contenidos de manera ilegal. Espera un momento, ¿he dicho ilegal?... En fin, parece que ni yo mismo estoy a salvo de sus campañas de adoctrinamiento, esas que repiten tanto una mentira, que acaba siendo aceptada como verdad.
No hace falta ser un experto en derecho (yo de hecho soy bastante ignorante del tema) para darse cuenta que la legislación tiene 2 pilares básicos:
Intervención mínima: no se hacen leyes nada más que cuando es estrictamente necesario.
Se regula la excepción, aquello que es unánimemente condenado por el grueso de la sociedad, por el ciudadano de a pie.
Con estas premisas en mente, uno se pregunta: ¿son las descargas de contenido audiovisual unánimemente condenadas por la sociedad o por el contrario son percibidas como algo bueno? ¿Es necesaria su regulación o prohibición?
Las primeras regulaciones al respecto (las leyes de copyright), se introdujeron para restringir el derecho de copia no a los usuarios, sino a los editores. Recién estrenada la imprenta, y dado el elevado coste de preparar las planchas para hacer una tirada de un libro, esta regulación permitía al editor obtener derechos en exclusiva de una obra, de modo que así podía amortizar el gasto de publicarla. De este modo, los editores publicaban más libros y el beneficiado en última instancia era el ciudadano de a pie. Estas regulaciones, hasta ahora, no fueron nunca contra el ciudadano que aquí en España tiene el derecho de copia privada recogido en la LPI, y por eso nadie ha ido a la cárcel por copiar obras audiovisuales sin ánimo de lucro. Copiar estas obras no sólo es legal, sino que además es bueno.
Si copiar contenido audiovisual es legal y bueno, ¿por qué tanto esfuerzo por adoctrinar y legislar? Porque amigos míos, la copia indiscriminada por Internet favorece a la mayoría, pero perjudica a unos pocos, y esos pocos tienen mucho poder y mucha pasta. Utilizan sus recursos (y muchas veces también los tuyos) para darle la vuelta a la tortilla, adoctrinando y legislando en su favor en lugar de en favor de la sociedad. Tal es el poder y la presión que ejercen que si bajas la guardia, con facilidad pueden engañarte y hacerte creer sus mentiras.
Muchos cargos se imputan a Megaupload, cosas como crimen organizado, blanqueo de dinero, etc. pero no es ningún secreto que el verdadero motivo que ha llevado a su cierre es su implicación en las llamadas “redes de descargas ilegales”. Las empresas distribuidoras de contenidos afirman sin pudor que Megaupload les hacía perder 500 millones de dólares. Me encantará ver en sus datos de ventas de aquí a unos meses cómo se refleja este dato en un gigantesco aumento de ganancias.
Curiosamente, ha sido el FBI el que ha propiciado el cierre de Megaupload. Será que no tenían nada mejor que hacer, como por ejemplo encerrar a todos los estafadores de Wall Street, que entre 2001 y 2008 especularon y crearon la mayor burbuja financiera de la historia. Una burbuja que desembocó en una crisis en la que seguimos 3 años después y cuya recuperación se prevé que va para largo. En el documental Inside Job, cuentan con infinidad de entrevistas y datos rigurosos, cómo se fraguó esta crisis, y cómo en estos años muchos de los responsables de la misma ganaron cientos de millones de dólares, aún a sabiendas de la inevitable crisis que estaban desencadenando. Sorprende (entre muchas otras cosas) que ya en 2004 el FBI detectó esta estafa a nivel global y avisó de sus posibles consecuencias. Han pasado casi 8 años y ninguno de los responsables ha sido encarcelado o ha devuelto un céntimo de lo que se llevó. Es más, muchos de los que llevaron a su banco o aseguradora al nivel de quiebra, fueron despedidos cobrando indemnizaciones de más de 100 millones de dólares. Otros conservaron sus puestos o recibieron otros similares, algunos incluso en la administración Obama. La mayoría de estos elementos han sido relacionados con el uso de prostitución o el consumo de drogas, ¿a qué esperas FBI? Cierras Megaupload de la noche a la mañana, pero a estos elementos les dejamos campar a sus anchas, arruinando al mundo entero.
El documental Inside Job (de 2010), que os acabo de comentar, por desgracia es difícil de encontrar en Españistán, incluso en tiendas online grandes como DVDGo. Si queréis verlo (lo cuál recomiendo encarecidamente) podéis descargarlo de Meg... Ops, pues va a ser que no, os quedáis sin verlo. Bueno, no hay que preocuparse, al fin y al cabo podéis ver Gran Hermano 12+1, que justo se estrenó a la vez que cerraba Megaupload. ¿Casualidad? ¿Es este el fin del mundo que profetizaban los Mayas? Todo puede ser.
En su libro El mundo y
sus demonios, Carl Sagan en otro de sus loables intentos por
popularizar la ciencia, habla de su vital importancia en el devenir
del mundo. En el libro, Sagan se lamenta también del profundo
analfabetismo y desinterés científico que nos envuelve cada vez
más. Describe la falta de escepticismo y curiosidad por saber cómo
funcionan las cosas, y cómo estos ingredientes nos llevan a la
ignorancia, a la vuelta al misticismo, la superstición y la magia.
En un mundo en el que los avances científicos en medicina y otras
áreas han permitido curar infinidad de enfermedades antes mortales y
prolongar la esperanza de vida cada vez más, la sociedad se da la
vuelta en un sorprendente espaldarazo a la razón.
Hace poco he podido
celebrar dos noticias que utilizando el escepticismo y la razón de
los críticos, han echado por tierra dos de los timos más
ampliamente extendidos. El primero de ellos, las pulseras mágicas (esas que exhibía nuestra ex ministra de sanidad), y
el segundo, la homeopatía.
Por fin un estudio del Ministerio de Sanidad concluye con que la
medicina homeopática no tiene efecto mayor al de un placebo. Soy
consciente de que a pesar de leer esto, los partidarios del uso de la
medicina homeopática muy probablemente seguirán recomendando su
uso, pero esto al menos cerrará a estas prácticas la entrada en la
Seguridad Social (o al menos eso espero).
Para mi desgracia, la
alegría duró poco. Más recientemente aún he podido leer la
confirmación de que la ciencia tiene un aspecto secundario no sólo
en España (con el recientemente anunciado recorte de 600 millones de euros en ciencia y tecnología,
sino de manera global, como se puede ver en EE.UU. que no contento
con desmantelar en 1995 el único organismo encargado de asesorar a
la Casa Blanca en ciencia y tecnología (la ejemplar Oficina de Asesoramiento
Tecnológico u
OTA) muestra un completo desinterés político por los temas científicos,
causado tal vez por la incomodidad que a menudo estos plantean (como
por ejemplo con el problema del cambio climático).
Tal vez muchos no lo vean
así, pero sin duda la labor científica es necesaria. Es cierto que
la ciencia no es perfecta, que tiene sus límites y que los
científicos no están exentos de la falibilidad humana. Pero aún
así la disciplina científica en su constante aliento por desafiar,
contrastar, revisar, divulgar y mejorar sus métodos y hallazgos es lo único que nos ha
permitido abandonar las cavernas y la vida nómada, con hambrunas
constantes y noches en vela por miedo al depredador y a que no vuelva
a salir el sol. La ciencia nos ha permitido prolongar la esperanza de
vida hasta límites insospechados, reducir drásticamente la
mortalidad infantil y aprovechar con la mayor eficiencia posible los
limitados recursos que la naturaleza ofrece a una población cada vez
más y más creciente. El pensamiento científico y escéptico nos
protege de estafadores y charlatanes. La ciencia es luz en la
oscuridad. Una luz que nos permite contemplar y comprender lo que
antes era invisible y mágico. Una luz que revela nuevos caminos y
nos muestra las maravillas y secretos que con tanto celo guarda la
naturaleza.
Si damos la espalda a la
ciencia volveremos a oscuridad, tal y como ocurrió en la Edad Media,
en la que la Iglesia monopolizó y guardó celosamente todo el
conocimiento generado por las culturas griega y romana. Una oscuridad
que relegó al olvido todo lo conseguido por la medicina
hipocrática, impidiendo su avance con prohibiciones como por ejemplo
la realización de autopsias, y relegando la curación de
enfermedades al uso de rezos y cataplasmas. Sin la ciencia y el
escepticismo como armas, estamos indefensos no sólo ante chamanes,
astrólogos, exorcistas, mediums, telépatas y tantos otros
"hechiceros", sino también ante curanderos, homeópatas,
pulseras mágicas, campañas anti vacunación, productos de
teletienda y tantos otros "remedios milagrosos" a menudo
incluso disfrazados de pseudociencias.
¿Te gusta usar tu
ordenador y tu teléfono móvil, iluminar tu casa por las noches y
tener agua caliente? ¿Vas al médico a que te recete antibióticos
para combatir la fiebre y pasas por el quirófano para curar una
apendicitis? ¿Te alegras de tener una familia en la que has conocido
a tus abuelos y no hay ningún caso (o casi ningún caso) de muerte
infantil? Si asientes ante algunas de estas cosas, no des la espalda
a la ciencia y a su brazo tecnológico. Intenta pensar de manera
escéptica, sobretodo con las prácticas mágicas y remedios
milagrosos, esos que jamás han logrado probar que funcionan, pero que le sirvieron "al amigo del cuñado
de tu vecino". Alimenta tu curiosidad por saber cómo funcionan
las cosas. Protesta contra los recortes masivos en algo que es tan
fundamental para el devenir de la humanidad. Preocúpate de darle una educación científica a tus hijos. Comunica tu escepticismo
a los crédulos. No te dejes amedrentar por los que se burlen de ti
y te llamen cosas como aburrido, estrecho de mente, reduccionista,
etc. Al que te llame escéptico o incrédulo, dale las gracias por el
elogio.
Y sobretodo, no tomes
como verdad infalible todo lo que está escrito en esta entrada (y
por extensión en este blog, en todo Internet y en cualquier libro o
discurso). Si algo no te convence, razona todos los argumentos
expuestos, reúne, contrasta y verifica todas las pruebas que puedas
encontrar a favor y en contra de cada uno de esos argumentos y
finalmente, si obtienes argumentos sólidos, refuta todo lo que esos argumentos te permitan. Porque así lo alienta el método científico.
Así de bien suena la futura normativa. Si alguien tenía dificultades para comprar comida en los establecimientos, en breve esperar el contenedor a la salida del mismo le puede costar caro.
Manda huevos que hoy día, con casi 5 millones de parados y un 19.6% de pobreza, se piense que la gente va a la salida de los supermercados por hobby. ¿No era la necesidad la que guiaba a miles de españoles con sus cartillas de racionamiento a la comisaría de abastos en la posguerra? Claro, que la alternativa es la mendicidad, es decir, hacer público tu mala situación. Mucho mejor que acudir de forma anónima a aprovechar lo que otros no van a usar. Mucho mejor que se pudra en los vertederos y se acumulen los desechos mientras otros mueren de hambre. Mucho mejor que la gente vaya allí a por comida. Mucho mejor esta cultura de tirar y tirar.
Para finalizar esta entrada dejo un enlace al movimiento Dumpster Diving (buceando en el contenedor), cuyo fin es aprovechar comida no por necesidad, sino por conciencia.
El hombre, su progreso y sus implicaciones. Desde siempre, y más desde que tuve que leerme partes del libro El ídolo de Silicio , me ha llamado la atención bastante este tema. Hasta el punto, de volverme el gilipollas que conocéis.
Hace tiempo que me asaltan muchísimas dudas, cada vez de forma más y más aguda. Una pequeña muestra es:
¿Qué es la libertad?
Ya sabéis que yo creo que no somos libres (en el sentido más extenso de la palabra). Y no somos libres porque no comemos cuando queremos (sino cuando dice el reloj), no follamos cuando queremos (los animales deberíamos follar para procrear, pero nosotros somos más chulos que nadie y tenemos que hacerlo al menos 50 veces a la semana, porque sino tenemos una vida sexual poco activa), no dormimos cuando queremos (supongo que esta no necesita explicación), y así con todo lo que creemos que es lo único que verdaderamente controlamos.
¿Tiene sentido a día de hoy ser libres?
¿Tiene sentido poder comer cuando quieras, cagar donde te apetezca o cubrir a una hembra cuando está en celo? Sinceramente os digo que creo que a estas alturas de la película NO. Y la que para mi es la más complicada y la que más dolores de cabeza me da:
¿Es posible progresar sin perder libertad?
Yo siempre que le hecho un rato llego a la conclusión de que no. Que la pérdida de libertad es inherente al progreso humano. A mi modo de ver es imposible progresar sin que el yugo pese cada vez más.
He aquí un pequeño muestrario de inventos que a mi modo de ver (muchas de estas ideas obviamente no son mías, sino asimiladas de otra gente...):
La rueda nos permitió mover cosas (y movernos más rápido). Pero a nadie se le escapa que desde entonces moverse es una obligación.
El fuego (aunque no fuese un invento en sí mismo). Nos ofreció luz, calor, protección, etc... Pero también nos fue obligando (para algunos seguro que fue ganar en libertad, pero yo creo que al contrario) a ampliar nuestra actividad más allá de las horas de luz...
El reloj. Nos permitió conocer de forma precisa en qué momento del día, mes, año, historia... etc. nos encontramos. Pero desde luego nos volvió unos esclavos. Todos estamos sometidos a la dictadura del reloj. No comemos cuando tenemos hambre, sino de 2 a 3. No trabajamos cuando hace falta, sino de 8 a 17. No dormimos lo que nos hace falta, sino 8 horas, etc...
El jabón. Es obvio que la limpieza trajo salud, pero a día de hoy estamos subyugados por la higiene, hasta tal punto que cada vez más y más niños nacen con alergias (yo creo que la sobrelimpieza es tan perjudicial como la contaminación).
El trabajo remunerado. Mucho más cómodo que buscarse la vida cazando, ya que te dan los medios necesarios para poder subsistir (aunque a día de hoy mucha gente con sus salarios no llegue...). Pero cuando éramos cazadores/recolectores, hacíamos lo que nos daba la gana. Cazábamos y recolectábamos cuando era necesario y no andábamos perdiendo el tiempo cuando no lo era (quién no haya echado horas inútilmente en su puesto de trabajo únicamente para fichar las que tiene estipuladas que tire la primera piedra).
Voy a decir más. Una de las primeras formas de trabajo remunerado “masivo”, similar al que ahora conocemos, fue las masas de obreros surgidas de la 1ª revolución industrial. Fue en esas condiciones de hacinamiento, cuando la higiene se hizo muchísimo más necesaria de lo que lo era....
Ordenadores. Cuando pienso en la palabra ordenador, se me viene otra a la mente: “progreso”. Parece indiscutible que el ordenador ha sido el súmmum del progreso humano. Algo únicamente comparable a la invención de la rueda o el control del fuego, pero probablemente elevado a la enésima potencia. Parece mentira que desde que en apenas 150 años, desde que Charles Babageideó una de las primeras máquinas capaces de realizar cálculos hayamos cambiado todo de manera tan rápida, sencilla y despiadada. Pero de nuevo un gran progreso trae consigo una gran cadena. Y de la misma forma y manera que el progreso que ha traído ha sido incalculable. La condena está siendo aún mayor.
Lo más curioso de todo es la suma de contradiciones en las que como seres humanos y librepensadores nos vamos metiendo sin que nadie nos lo pida:
Nos quejamos del Gran Hermano que todo lo controla, pero curramos en empresas que diseñan cámaras de visión nocturna.
Nos quejamos de que Facebook utiliza nuestros datos. Pero diseñamos algoritmos súperoptimizados de minado de datos.
Nos banagloriamos de ser pacifistas, neohippies, o perroflautas pero curramos para empresas que venden productos a empresas de “defensa”.
Nos quejamos de que en España no hay trabajo, pero bien que compramos productos chinos a mitad de precio.
Nos quejamos de que cierran las tiendas de barrio, pero bien que vamos a comprar a Carrefour.
De hecho se produce otra paradoja muy curiosa: el hombre genera un progreso que siempre termina siendo opresor. Disfruta de él durante un tiempo, y luego mediante él intenta volver al estado liberal anterior. Pero eso es imposible, ya se ha dado el paso.
¿Ejemplos concretos? El 15M. Sí ese tema recurrente. ¿Acaso muchos de los que forman/formaron el movimiento no desarrollaron las herramientas de control contra las que luchan? Facebook o Apple lo desarrollaron gentes indignadas para ofrecer libertad a los demás, y resulta que lo que han hecho es oprimirlos aún más...
Estoy seguro de que más de uno del 15-M, trabaja/aba para las fuerzas de opresión que tanto contestan/aban. Es muy fácil meterse contra las grandes multinacionales en Sol y luego en tu oficina desarrollarles un software que hace que optimicen sus beneficios un 15%. Es muy fácil meterse contra los ejércitos en Sol, y luego trabajar en una empresa que vende tornillos a fabricantes de carros de combate.
En definitiva. Es muy fácil echarle la culpa a los demás.
En teoría esto iba a ser una respuesta a la entrada “El gran hermano te observa”, pero al hacerse tan extensa he preferido publicarla como nueva entrada.
Amigo Doragasu, ¿el Facebook salta? ¿Te muerde los huevecillos?
Básicamente estoy de acuerdo en todo lo que cuenta Doragasu. Pero quiero hacer notar que la gente tiene mucha culpa. Primero porque le importa una mierda todo el tema de las libertades, y segundo porque somos nosotros mismos los que hacemos todas esas cosas que no nos gustan (me refiero a que aún no he conocido a nadie que haya renunciado a hacer un trabajo que le haya parecido inmoral...).
Supongo que a día de hoy
serán pocos los que no conozcan (aunque sea de oídas) la novela
1984, una ucronía distópica escrita por George Orwell
en la que propone un gobierno dictatorial y opresivo en el que el
“Gran Hermano” controla todos nuestros actos a través de unas
pantallas y unas cámaras instaladas por todas partes, incluyendo los
domicilios de toda persona.
Pues bien, resulta que
aunque muchos tal vez no se hayan dado cuenta, el “Gran Hermano”
ya ha llegado. Y no, no me estoy refiriendo al bochornoso
“experimento” de Mercedes Milá, sino al fin de nuestra
privacidad.
Para mi desgracia, como
entusiasta de la tecnología que soy, esta será nuestro verdugo. En
un principio, Internet parecía el abanderado de la libertad y la
privacidad. Un paraíso en el que cualquiera con un ordenador y una
conexión a la red de redes, podía ponerse la máscara con un nick
y un avatar de su elección y enzarzarse en encarnizadas
discusiones bajo la protección del anonimato. Al principio todo era
bonito y la cosa funcionaba, pero no todo el mundo estaba contento.
La industria de los contenidos (música y cine principalmente) vio
cómo empezaron a proliferar las descargas y buena parte de la
distribución escapaba a su control. Esta industria ha sido la
primera en tratar de minar la privacidad de los que cuelgan y
descargan contenidos audiovisuales sin autorización. Lo cierto es
que a pesar de su empeño, por ahora han tenido relativamente poco éxito en la mayor parte
del mundo, así que dejaremos esta discusión para otra ocasión.
Otras entidades también han tratado de identificarnos y hacerse con
nuestros datos. Google por ejemplo tiene muchos servicios que le
permiten recopilar cierta información: su buscador, su servicio de
correo electrónico, etc. Pero el inconveniente de esta información
es que generalmente está desordenada y sin clasificar, y es difícil
sacar datos en claro que sean útiles para algo más que ponerte un
anuncio con propaganda sensible al contexto o sacar algunas
estadísticas. El primer problema serio de verdad contra nuestra
privacidad llegó de la mano de las redes sociales, siendo Facebook
el mayor recolector de datos privados del mundo, datos que además
están perfectamente clasificados, etiquetados y asociados a
personas, que además se configuran en redes a través de sus
relaciones.
La mayoría de los más de
500 millones de usuarios de Facebook suben alegremente a esta
red datos privados: información sobre su trabajo, gustos, familia,
amigos, fotos de sus vacaciones, aficciones, incluso datos de gran
valor para ladrones y secuestradores: cuándo estás y cuándo no en
casa, una idea de cuánto dinero tienes, etc. Facebook permite
restringir el acceso a estos datos (cosa que muchos usuarios no hacen
por desconocimiento o dejadez), pero incluso restringiendo el acceso,
nadie está protegido. Son ya varias las ocasiones en que Facebook ha pedido perdón por filtraciones de datos, y estad seguros de que
estas filtraciones seguirán ocurriendo (ya que los datos son el
negocio de esta empresa).
¿Os habéis preguntado
cómo gana Facebook dinero? Una fuente de ingresos es la
publicidad que encontramos en esta red. Pero la fuente principal de
ingresos es la venta de datos a otras empresas. Generalmente son
datos genéricos, sin nombres ni apellidos, para la elaboración de
estadísticas y estudios de mercado, pero no siempre es así. Por
ejemplo es frecuente que las aplicaciones (siendo las más comunes
los juegos como Farmville) tengan acceso casi completo a losperfiles de sus usuarios. No tengáis ni la más mínima duda de que
Zynga (creadores de Farmville) deben tener una inmensa
base de datos para vender al mejor postor. Estas redes sociales de
código cerrado y draconianas condiciones de servicio (como la que
dice que todo lo que subas a Facebook pasa a ser propiedad de
Facebook) son auténticos enemigos de la privacidad. Como
decía el controvertido Richard Stallman, “para Facebook tú
no eres su usuario, eres su producto”. Su negocio es vender tus
datos. Como dije antes, los datos recopilados por Facebook y
otras redes de este estilo, están perfectamente ordenados,
etiquetados y asociados a personas concretas. Usando técnicas de
minería de datos (Data Mining) sobre estos datos, es posible obtener
aún mucha más información de la que los usuarios creen. Los datos
sobre la aplicación utilizada y la geolocalización que proporciona
Twitter, permiten adivinar los recorridos que realiza una
persona en su día a día, y pueden dan información útil para
hackear sus cuentas. Diversos datos de Facebook
pueden permitir a las compañías de telefonía identificar a los
“líderes”, usuarios que a menudo condicionan que otros les sigan
por ejemplo en un cambio de proveedor de telefonía. En 2003, la
ubicación de Sadam Hussein se obtuvo en gran medida gracias a los
datos introducidos en redes sociales por su chófer. Y como estos
ejemplos, hay infinidad más. Como decía Nathan Hamiel de Hexagon Security, acerca de las redes sociales, “Ahora, aplicaciones legítimas hacen todo lo que antes hacía el malware y tanto nos asustaba”
El otro gran enemigo de la
privacidad que tenemos hoy en día son los teléfonos móviles.
Debido al modo en que funciona la tecnología celular, desde el día
que te compras un móvil y lo enciendes, accedes a que tu operador
sepa de manera aproximada dónde estás (concretamente, a qué BTS
está anexado tu terminal). Esto puede que haya gente a la que no le
guste, pero en realidad es el menor de los problemas. En el último
año se han detectado acciones mucho más intrusivas. Primero saltó
aquél tema tan incómodo para Apple, cuando se demostró que los exitosos iPhone e iPad registraban de manera detallada (usando el GPS) el recorrido que sus usuarios hacen a lo largo del día, sincronizando esta información con la base de datos
de iTunes y enviándola a Apple (que a saber qué hará
con estos datos). Su rival más
directo, Google, también hace algo similar en los teléfonos con su
SO Android, pero este al menos te avisa y permite desactivar esta
caracteristica. Resulta irónico que Apple haya sido quien
haya abierto la veda al “Gran Hermano” en el campo de la
telefonía, si vemos el anuncio que creó para el lanzamiento de su
ordenador Macintosh. En él
se dibujaba una atmósfera inspirada en el libro 1984 en la que Apple
se mostraba como el único salvador que podía evitar que la entonces
todopoderosa IBM se
convirtiese en el “Gran Hermano”.
Parecía que los usuarios
de teléfonos fuera de la marca Apple estaban a salvo de ser
espiados. Nada más lejos de la realidad. Recientemente se ha
descubierto una intrusión aún mucho más flagrante contra la
privacidad de los usuarios de terminales de RIM (Blackberry),
Nokia y otros con sistema operativo Android. Se estima
que un prograna de la hasta ahora desconocida Carrier IQ, está instalado en millones de estos teléfonos, y espía todas nuestras interacciones con el terminal (más): lo que escribimos, los mensajes que
enviamos y recibimos, las aplicaciones que lanzamos, a quién
llamamos, quién nos llama, la batería que nos queda, cuándo se
enciende y apaga la pantalla, etc. Este programa no es una aplicación
maligna que el usuario instale desde la tienda online, ni es un virus
que infecte el teléfono y se instale en él. La cosa es mucho peor.
Este programa viene instalado en muchos móviles de fábrica, porque
los operadores sin escrúpulos le piden a los fabricantes (RIM,
Nokia, HTC, etc.) que lo instalen para obtener estos
datos.
La compañía responsable
del programa ha asegurado que estos datos sólo se usan para
diagnosticar problemas de consumo de batería, fallos en aplicaciones
y cosas así, pero... ¿para qué quieren saber entonces lo que
tecleo o el contenido de mis mensajes? ¿Por qué no hay una opción
para desactivar esto? Y lo más grave: ¿por qué esta aplicación
opera en secreto y los operadores y fabricantes no nos ha avisado de
su existencia?
Orwell acertó en
que el “Gran Hermano” llegaría, pero además de en la fecha, se
equivocó al menos en 3 cosas. Lo primero, que no es el gobierno el
que nos oprime y espía, sino las grandes y poderosas corporaciones.
Lo segundo, que no es necesario implantar la vigilancia del “Gran
Hermano” a la fuerza. Muchos se someten a ser espiados
voluntariamente, regalando valiosos datos a las redes sociales, datos
que antaño tanto les costaba conseguir a las consultoras,
delincuentes, gobiernos, etc. Y lo tercero, que el “Gran Hermano”
no se ha implantado como un método con el fin de lograr una cierta
estabilidad política a base del control y la opresión, sino que
simplemente ha sido un triste ejemplo de cómo los ciudadanos somos
capaces de renunciar a algunas de nuestras libertades sólo por
poseer un teléfono en el que la pantalla se deslice con suavidad, o
por no sentirnos socialmente excluidos por no estar en tal o cuál
red.
Para acabar y que mi
crítica no sea sólo destructiva, propongo algunas medidas que
podemos tomar para evitar en la medida de lo posible estas
intromisiones, y que de hecho debería tomar cualquiera a quien le
interese su privacidad. Las primeras medidas son las más importantes
y son de concienciación, y las dos siguientes son más prácticas:
Aprended
a valorar vuestra privacidad. La mayoría de las veces que le cuento
a alguien la maldad de Facebook o Apple por su afán
recopilatorio de datos privados, su contestación es del tipo: ¿A
mí qué más me da que Facebook sepa quién es mi novia o
qué webs visito? Lo primero, porque a ningún desconocido debería
interesarle esto. Si pones cortinas y persianas en tu casa, ¿por
qué no te preocupas de proteger tu intimidad en Internet? La
información es poder y en manos de algunas personas puede volverse
en tu contra. Nunca sabes quién puede acabar obteniendo un dato que
tú le has regalado a Facebook. De hecho se sabe que estas
redes son una valiosa herramienta para ladrones y pedófilos...
Asumid
que las libertades sólo se obtienen y conservan luchando por ellas,
y que esta lucha implica algunos esfuerzos y sacrificios.
Evitad
el software propietario. El software propietario guarda en secreto
el código fuente de los programas y por ende nos impide saber lo
que estos hacen y la información que puedan recopilar. Esto es
especialmente importante de cara al Sistema Operativo (SO) que
usemos. Usad GNU/Linux en vuestro PC, y renunciad a los móviles que
no permitan usar un SO libre. Esto deja fuera los iPhone,
Blackberry, teléfonos con Windows Phone 7, etc. De hecho los
únicos que se salvan son los pocos que hay con Maemo y la maltrecha
Meego, y los que permiten instalar distribuciones “no
contaminadas” de Android, como la muy recomendable CyanogenMod
o la totalmente libre, aunque todavía verde Replicant.
Extremad
las precauciones con las redes sociales. Si vais a poner información
personal en ellas, aseguráos de configurar la privacidad
adecuadamente. Evitad las redes que no permiten configurar la
privacidad o que lo permiten pero de un modo (deliberadamente)
confuso y propenso a errores. Evitad las redes sociales de código
cerrado. Esto deja fuera a la gran mayoría de redes, como Facebook
o Twitter. Alternativas libres y en las que tú controlas tus
datos (y no el creador de la red) son Diaspora e Identica.
Y con esto me despido hasta la próxima. Esta entrada la anunciaré en mi cuenta de Twitter... (@doragasu) pero os aseguro que os costará encontrar información personal mía en esa cuenta ;-)
jueves, 17 de noviembre de 2011
Hace unas semanas discutía con Roxu la decisión de que en la comunidad de Madrid se redujera la plantilla de profesores interinos y se incrementase la jornada de trabajo lectiva en dos horas. Se puede estar más o menos de acuerdo; puedes pensar que hay profesores que trabajan más y los que trabajan menos, etc. Lo siguiente es una declaración de intenciones de lo que va a hacer que en España aumente el borreguismo hasta límites insospechados.
A estos ya se les ve el plumero. Lo próximo será poner la ESO de pago o prescindir de ella. Si los que tuvimos ESO ya las pasamos putas en la universidad para ponernos al día, las generaciones venideras con suerte sabrán resolver ecuaciones de primer grado y poco más. Ah, y ya pueden reforzas los servidores de TodoCanis por que verán aumentada la demanda de usuarios.